Escribir para sanar

Herramientas, reflexiones, ejercicios, divagaciones e informaciones sobre el uso de la escritura creativa con fines terapueticos.

domingo, agosto 06, 2006

La carta de sanación: un ejercicio sencillo e interesante

¿Qué es una carta?

Simplemente una comunicación que dirigida a otra persona. Sus formas y contenidos pueden variar, el tipo de lenguaje que empleemos. De hecho, el uso ahora casi generalizado del correo electrónico ha modificado las largas cartas que resumían semanas, meses o años de novedades entre amigos en países disntantes hasta convertirlos en telegramas casi crípticos que podemos enviar a cada momento, aprovechando la inmediatez que ofrece la tecnología.

Bésicamente, una carta consta de: encabezamiento, cuerpo y despedida.

En el encabezamiento nos limitamos a colocar a quién va dirigida la carta y alguna acotación del tipo: querido tío, apreciado amigo, sobre todo en los casos más formales. El cuerpo es el asunto en sí de la carta, y la despedida, pues es simplemente eso.

¿Qué es la carta de sanación? Pues es simplemente aquella comunicación que escribimos con el propósito de manifestar algún sentimiento a alguna persona, independientemente de que la enviemos o no. La idea es aprovechar esa máxima que dice que "escribir es pensar despacio" y poner en papel, siempre teniendo en mente a nuestro interlocutor(a), aquello que posiblemente no nos atrevamos a decir de otra manera.

Es una especie de exorcismo y nos permitirá liberarnos de ciertas cargas como rencores, remordimientos o resentimientos que arrastramos y no tienen ninguna función en nuestra experiencia presente más que como obstáculos para nuestro equilibrio mental y emocional.

¿Cuál es el ejercicio?

Tomarse un par de minutos para pensar algún destinatario y asunto apropiado y luego sentarnos, con mucha seriedad y detalle (recordemos que es la vida de la escritura) a escribir la carta.

Al terminarla podemos enviarla y, si decidimos lo contrario, hay personas que suelen hacer algún tipo de rito para cerrar el ejercicio: por ejemplo, quemarla o romperla en pequeños pedazos para dar por concluido ese ciclo.

Como siempre, acá va mi ejemplo.

Querida Mónica:

No sé por qué no nos despedimos, por qué no hablamos nunca de lo que pasó. Es extraño que todo lo que sé de ti es lejano, es referido por otras personas.

Que te casaste, que tuvistes un hijo. Que ya, seguramente, no tienes aquellos sobresaltos nocturnos por las preocupaciones de una estación de servicio o por aquél aborto del cual supongo, ahora menos que nunca, le has contado a tu familia.

No sé qué recuerdo guardar de ti. Los emails y los logs de los chats se quedaron en el cpu viejo, irrecuperables. Impreso queda apenas un mail donde había sólo algunos preparativos eróticos para nuestro encuentro.

Sin embargo, no hay nada de los sentimientos. Y pese a la torpeza, al atropello, a la prisa de todo, había sentimientos. Las llamadas en medio del taller del CELARG, las largas conversaciones hasta la madrugada, el compartir gustos en música, en libros, la comprensión que le brindaste a mis primeros relatos, la forma como yo escuchaba tus preocupaciones, tus temores.

me importabas y yo te importaba. Y puede que no haya sido con la profundidad que creíamos que lo hacíamos, pero algo había y eso parece haberse perdido.

Ya seguramente no recuerdas ni Boca Ratón ni Miami. Puede que hasta los trates de olvidar. Yo, en cambio, sólo recuerdo cómo un día me fui de tu casa a un hotel en el centro de Miami y cómo hablamos un par de veces por teléfono y todo fue tan distante, todo se fue disolviendo hasta que las llamadas, los correos, las conversaciones se espaciaron tanto que llevamos más de cinco años sin hablarnos.

Yo sólo quería decirte que, de corazón, espero no haber contribuido a llevar más caos a tu vida, más del caos habitual que es cualquier relación de pareja. Sólo quiero decirte que aunque salí de tu casa con mucha confusión y mucho dolor, eso, aunque suene a lugar común, fue sin duda un componente indispensable para seguir creciendo.

Sólo quiero decirte que me gustaría ver una foto contigo y con tu familia y que me alegro que estés bien.

Y que espero que, como yo, no lamentes nada de lo que pasó sino que lo aprecies en su justa medida.

Con mucho cariño que, creo que hasta este momento, no sabía que conservaba por ti

yo.

1 Ejercen su derecho a la palabra

At 7:40 a. m., septiembre 16, 2006, Anonymous Kasandra comentó...

Acabas de recordarme que yo tengo una de estas pendiente con alguien. Pero también que este quizás no sea el momento. De hecho más que una carta tengo una grabación, pendiente de enviar. Quizás la envie algún día.

 

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