Escribir para sanar

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viernes, octubre 13, 2006

La pasión por la palabra escrita más allá de los obstáculo: víctima peruana cegada en ataque terrorista se desenvuelve en Braille

"Durante los años en el que el terror dominó al país (entre mediados de los ochenta y principio de los noventa), los peruanos nos acostumbramos a los repentinos apagones. Una oscuridad momentánea con la que aprendimos a convivir. Pero el terrorismo también causó apagones perennes que obligaron a sus víctimas a readaptar por completo sus vidas. Ese es el caso de Rigoberto Camargo Alfaro, Camarguito entre los amigos.


El domingo 6 de setiembre de 1992, a menos de una semana de la captura de Abimael Guzmán, Rigoberto recorría el trayecto de regreso a su hogar desde Ventanilla en una combi de transporte público. Con él estaban su madre, su hermana y un hermano. Iban por la avenida Argentina cuando a la altura del cruce con la avenida Dueñas, donde Rigoberto recuerda que había una caseta policial, se cruzó un auto con el que casi chocan. El chofer logró frenar y evitar el impacto, pero el otro vehículo siguió de largo hacia la caseta. Era un coche bomba.


Rigoberto calcula que cuando explotó la bomba se encontraban a unos quince metros y cuenta que la combi se hizo como un acordeón. Su hermano y tres personas más perdieron la vida. A él, las esquirlas de los vidrios le vaciaron los ojos. Pero si bien este apagón es eterno, es meramente superficial. A pesar de las circunstancias, Camarguito encontró en los libros, en el deporte y en el amor la luz de su vida.


LETRAS HECHAS CON PUNTOS
Todos los días, a las 9:40 de la mañana, Rigoberto, de 45 años, llega a la sala para invidentes de la sede de la avenida Abancay. Hasta las cinco de la tarde se dedica a la organización y rotulación del material. "Nosotros recibimos las colecciones por donación de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles). Ellos nos mandan revistas mensualmente, cassettes y también nos envían algunos libros y cuentos. Entonces yo me encargo de ordenarlos de una forma correcta en los estantes y también les pongo sus rótulos en Braille para que los invidentes los encuentren más rápido", cuenta.


Además de eso, se dedica a la transcripción al Braille de obras literarias y otros materiales. Gracias a él, libros como "Paco Yunque" de César Vallejo, "Hebaristo, el sauce que murió de amor" de Abraham Valdelomar y poemas de José María Eguren, Marco Martos y Blanca Varela se encuentran disponibles para el deleite de los usuarios. La transcripción de "Las fábulas de Esopo" se encuentra en proceso.


Camarguito tiene como asistente una grabadora. En ella escucha la voz de la encargada de la sala o de algún voluntario que le dicta el texto; siempre de manera pausada, con fuerza y claridad, indicando los puntos, las comas y los demás signos de puntuación.


Con una máquina de escribir especial, va creando los puntos en altorelieve en los que se basa el sistema Braille. Transcribir una hoja impresa le tarda aproximadamente una hora y ocupa de tres a cuatro caras en Braille. "Si tuviéramos una impresora en Braille, sería maravilloso", señala. La impresora sí la tienen, pero está malograda y no cuentan con los medios para arreglarla.


El voluntariado y las donaciones son fundamentales. Gracias a ello, ahora se cuenta con dos nuevas computadoras, una nueva colección de libros hablados y cinco títulos de "Mi pequeña enciclopedia Larousse" en impresión dual (tinta y Braille).

HACIA ADELANTE
Después del accidente y de que los médicos le dijeran que no había posibilidades de que volviera a ver, Rigoberto estuvo ocho meses en rehabilitación. Con mucha paciencia, aprendió a leer y escribir en el sistema Braille.


Con fuerza de voluntad, ánimo y buen humor, Camarguito ha logrado adaptarse a su condición de invidente y, sobre todo, a ser una especie de guía para todos los usuarios de la sala." (el comercio)

0 Ejercen su derecho a la palabra

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