Escribir para sanar

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miércoles, agosto 09, 2006

La lectura como terapia: una mirada a "La renuncia" de Andrés Eloy Blanco

Muchos hemos leído en "El principito" que lo esencial es invisible a los ojos.

También aquella frase de Thoreau que nos recordaba que malgastábamos nuestra vida en detalles y había que "simplificar, simplificar".

O aquel dicho que reza que no se debe perder el bosque por los árboles.

Lo cierto es que la búsqueda de aquello que es lo esencial, lo más simple, pero a la vez íntegro, total, abarca muchas de nuestras angustias. Y cuando no podemos verbalizarlas surgen todo tipo de confusiones en nuestra mente.

Para trabajar un poco con estos sentimientos propongo una lectura de este poema del venezolano Andrés Eloy Blanco. Una lectura y una relectura. Para mí, sobre todo la última estrofa, es un remedio efectivo para los días de ansiedad y agitación, sólo recordarlo, sin embargo, propongo para redondear el ejercicio las siguiente preguntas:

¿Nos vemos reflejados en algún verso?

¿Logramos realmente ver las imágenes?

¿Qué nos sugiere el siguiente verso: "cuando renuncie a todo seré mi propio dueño"?



La renuncia*

He renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.

Yo me quedé mirando como el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...

He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;

como el que ve partir grandes navíos
con rumbo hacia imposibles y ansiados continente;
como el perro que apaga sus amorosos bríos
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;

como el marino que renuncia al puerto
como el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.

He renunciado a ti, como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías...

He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, ¡cuántas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...

*Andrés Eloy Blanco

0 Ejercen su derecho a la palabra

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